Noche de Luna llena en La Contraparada. Fuente: propia.
Durante el día, el entorno de la Contraparada suele estar dominado por sonidos familiares: el agua circulando por el Río Segura, el viento entre la vegetación o el paso de personas y bicicletas. Sin embargo, cuando cae la noche, el paisaje cambia casi por completo y aparecen sonidos que muchas veces pasan desapercibidos.
Con la disminución de la luz, numerosas especies comienzan su actividad. Algunos insectos, prácticamente invisibles durante las horas más cálidas, llenan el ambiente con chirridos continuos que varían según la época del año. Grillos y cigarras nocturnas convierten las zonas de vegetación en un fondo sonoro constante que, en verano, puede llegar a dominar completamente el entorno.

1-grillo, 2-cigarra. Fuente: inaturalist
Cerca del agua también es frecuente escuchar anfibios. Sapos y ranas aprovechan las horas nocturnas para alimentarse y reproducirse, especialmente después de episodios de lluvia o en periodos de mayor humedad. Sus vocalizaciones cumplen funciones muy concretas, como marcar territorio o atraer pareja, aunque para muchas personas forman simplemente parte del sonido característico de las noches junto al río.

Sapo corredor. Fuente: inaturalist
El propio Segura adquiere además una presencia distinta cuando disminuye el ruido humano. El agua golpeando piedras, pequeñas turbulencias o corrientes rápidas generan sonidos que pasan más desapercibidos durante el día. Dependiendo del caudal, el río puede sonar desde casi silencioso hasta producir un murmullo constante perceptible a varios metros de distancia.
La vegetación también participa en este paisaje sonoro. Las cañas y ramas de árboles como sauces o álamos reaccionan al viento generando movimientos y roces que cambian según la intensidad del aire o la densidad de la vegetación. En noches tranquilas, incluso pequeños movimientos de aves o animales entre las ramas pueden escucharse con claridad.
No todas las especies nocturnas son fáciles de detectar visualmente, pero muchas delatan su presencia mediante sonidos. Algunas aves nocturnas emiten reclamos breves y difíciles de localizar, mientras que pequeños mamíferos pueden producir movimientos rápidos entre hojas secas o zonas de ribera. Aunque la mayoría de estos animales evitan el contacto humano, forman parte activa del ecosistema nocturno de la Contraparada.

Cárabo común. Fuente: inaturalist
Este paisaje sonoro cambia también según la estación del año. En primavera y verano la actividad biológica es mucho mayor, mientras que en invierno las noches suelen resultar más silenciosas. La humedad, el viento o las lluvias recientes pueden modificar completamente la percepción acústica del entorno en cuestión de horas.
Prestar atención a estos sonidos permite descubrir una faceta distinta de la Contraparada, mucho menos visible pero igualmente importante. Cuando desaparece la actividad diurna, el entorno sigue lleno de vida, aunque en esta ocasión sea el oído, y no la vista, quien mejor permite percibirla.



