Los peces invasores que viven hoy en el Segura

El río Segura, a su paso por la huerta murciana y zonas como el entorno de la Contraparada, es hoy un ecosistema muy distinto al que existía de forma natural hace siglos. Entre los cambios más importantes destaca la presencia de peces exóticos o invasores que han transformado profundamente la comunidad acuática del Río Segura.

En la actualidad, una parte muy significativa de los peces presentes en la cuenca del Segura no son autóctonos. Diversos estudios han señalado que las especies introducidas pueden representar la mayoría de la fauna piscícola en algunos tramos, lo que refleja hasta qué punto el ecosistema ha sido modificado por actividades humanas como la pesca, los embalses o las sueltas accidentales.

Entre las especies más comunes se encuentra la carpa común, un pez muy resistente que altera el fondo del río al alimentarse, removiendo sedimentos y reduciendo la claridad del agua. También es frecuente el alburno, un pez gregario que forma grandes bancos y compite con especies nativas por alimento y espacio.

Otras especies invasoras con presencia consolidada en el Segura son el percasol, el lucio o la lucioperca, todas ellas depredadoras que pueden alimentarse de otros peces o de sus puestas, afectando directamente a las especies autóctonas que aún sobreviven en el sistema fluvial.

1: percasol, 2: lucioperca, 3: lucio. Fuentes: wikipedia, iNaturalist y Reino Animalia

También destaca la gambusia, introducida originalmente para el control de mosquitos transmisores de enfermedades como la malaria, pero que hoy se considera una especie invasora con fuerte impacto sobre pequeños peces y anfibios. Su gran capacidad de adaptación le ha permitido expandirse con facilidad en aguas lentas, acequias y zonas de poca profundidad, provocando la casi desaparición de una especie endémica como es el fartet.

Gambusia. Fuente: reinoanimalia.fandom.com

La llegada de estas especies no es casual. En muchos casos han sido introducidas por el ser humano de forma intencionada, para pesca deportiva o control biológico, o de manera accidental a través de piscifactorías y trasvases de agua. Una vez establecidas, su erradicación es extremadamente difícil.

El resultado es un ecosistema simplificado, donde las especies nativas han quedado relegadas a pequeños refugios o tramos concretos del río. Esta homogeneización biológica no solo afecta a la biodiversidad, sino también al funcionamiento del propio sistema fluvial.

Observar el Segura hoy implica, por tanto, entender que bajo la superficie del agua existe una historia de cambios profundos. Los peces que nadan en sus aguas no son solo parte del paisaje: también son un reflejo de cómo la actividad humana ha reconfigurado uno de los ríos más importantes del sureste peninsular.