Fuente: InGeodo
La Contraparada, situada entre las pedanías murcianas de Javalí Nuevo y Javalí Viejo, es uno de los elementos hidráulicos más antiguos y significativos de la Región de Murcia. Construida entre los siglos IX y X, su función principal ha sido regular el caudal del río Segura y distribuir el agua hacia las dos acequias mayores que riegan la Huerta de Murcia: la Aljufía y la Alquibla. Su importancia histórica, agrícola y cultural la ha convertido en un símbolo de la identidad murciana y en un Bien de Interés Cultural desde 2002.
Aunque la estructura actual es de origen andalusí, existen indicios de que en este mismo lugar hubo obras estructuras hidráulicas anteriores, posiblemente romanas. Bajo las intervenciones posteriores se han encontrado restos de obra romana, lo que sugiere que ya en época latina existía algún tipo de infraestructura destinada a canalizar el agua del Segura.
Tras la fundación de Murcia en el año 825 por Abderramán II, se reconstruyó y amplió la red de riego romana para transformar la Vega Media del Segura en una huerta fértil. La ciudad necesitaba controlar las crecidas del río y garantizar un suministro estable de agua para la agricultura. Este contexto favoreció la construcción de una gran obra hidráulica, la Contraparada. Su construcción se sitúa en el siglo X, durante el gobierno de Abderramán III. Tenía dos objetivos principales, atenuar las crecidas del río Segura y derivar el agua hacia las acequias mayores, permitiendo el desarrollo agrícola de la huerta. Esto gracias a que la Contraparada actúa como un azud, es decir, una presa baja que remansa el agua para elevar su nivel y desviarla hacia canales laterales. Desde ella nacen las dos acequias mayores Aljufía (Norte) y Aquibla (Sur). Estas acequias se ramifican en una compleja red de brazales, azarbes y drenajes que riegan toda la Huerta de Murcia, considerada uno de los sistemas de irrigación tradicionales más complejos de Europa.

Fuente: Confederación Hidrográfica del Segura
A lo largo de los siglos, la Contraparada ha sufrido numerosas riadas que han obligado a reparaciones constantes. Ya en el siglo XIII se documenta que la presa estaba en ruinas debido a las crecidas, lo que llevó a su reconstrucción por orden del rey Alfonso XI. Una de las riadas más devastadoras fue la de San Calixto, en 1651, que destruyó por completo la estructura. Para su reconstrucción se envió al ingeniero Melchor de Luzón, cuya obra, conocida como el Azud Viejo, aún se conserva. Más adelante, en 1748, se llevó a cabo una restauración importante dirigida por Toribio Martínez de la Vega, financiada con impuestos procedentes del comercio de la seda, uno de los motores económicos de la Murcia del siglo XVIII.
La Contraparada también tuvo un papel destacado en la historia militar de la región. Durante la Guerra de Sucesión, el cardenal Belluga ordenó levantar los tablachos de la presa para inundar la huerta y frenar el avance de las tropas austracistas. Esta acción resultó decisiva para la defensa de la ciudad y demuestra la importancia estratégica que podía tener una infraestructura hidráulica en determinados momentos históricos.
Con la llegada de los siglos XIX y XX, la presa fue reforzada con capas de hormigón para protegerla de la erosión y garantizar su funcionamiento. A pesar de los cambios tecnológicos y de la modernización de los sistemas de riego, la Contraparada ha seguido siendo una pieza clave del paisaje y la identidad murciana. En 2002 fue declarada Bien de Interés Cultural, reconociéndose así su valor histórico, patrimonial y simbólico.
En la actualidad, además de seguir cumpliendo su función hidráulica, la Contraparada se ha convertido en un espacio cultural y natural muy apreciado. Cuenta con un centro de visitantes, paneles explicativos y pasarelas que permiten recorrer el conjunto. Es también un lugar de ocio y encuentro para los vecinos de las pedanías cercanas, que lo utilizan para pasear, observar aves o simplemente disfrutar del entorno.

Fuente: Arquitectura de Barrio



