Evolución histórica de la estructura de La Contraparada

Fuente: Turismo de Murcia

La Contraparada es una de las obras hidráulicas más antiguas y decisivas de Murcia, una estructura que ha desafiado riadas, siglos y transformaciones sin perder su función esencial. Construida para dominar el río Segura y convertir un territorio árido en una huerta fértil. A lo largo del tiempo, esta estructura ha ido cambiando, reforzándose y reinventándose, pero siempre manteniendo el mismo propósito de controlar el agua para dar vida a la huerta murciana.

La estructura de La Contraparada ha experimentado una evolución constante desde su construcción en época andalusí hasta convertirse en la obra hidráulica reforzada y visitable que conocemos hoy. Su origen se sitúa entre los siglos IX y X, cuando los ingenieros árabes levantaron una presa baja aprovechando un estrechamiento natural del río Segura. Aquella primera estructura estaba formada por sillares de piedra caliza cuidadosamente encajados y unidos mediante técnicas avanzadas para la época, como grapas metálicas y colas de milano. Su diseño no buscaba almacenar agua, sino elevar ligeramente el nivel del río para desviarlo hacia las acequias mayores. Aunque sea sencilla, esta obra fue esencial para el desarrollo de la Huerta de Murcia.

Con el paso de los siglos, la estructura original sufrió los efectos de las riadas, que eran frecuentes y a menudo devastadoras. Ya en la Edad Media se documentan reparaciones constantes, pues las crecidas del Segura dañaban o arrastraban partes del azud. Una de las transformaciones más importantes ocurrió tras la riada de San Calixto en 1651, que destruyó por completo la presa. Para reconstruirla se envió al ingeniero Melchor de Luzón, quien levantó una nueva estructura más sólida, conocida hoy como el Azud Viejo. Esta reconstrucción introdujo mejoras en la forma de encauzar el agua y reforzó la estabilidad del conjunto.

Fuente: Relatando Historia (X)

En el siglo XVIII, La Contraparada volvió a ser objeto de una intervención significativa. En 1748, Toribio Martínez de la Vega dirigió una restauración financiada con impuestos del comercio de la seda, uno de los motores económicos de Murcia en ese momento. Esta reforma consolidó la presa y mejoró la distribución del agua hacia las acequias, adaptándola a las necesidades de una huerta cada vez más extensa y productiva.

Durante los siglos XIX y XX, la estructura continuó evolucionando. Se añadieron capas de hormigón para proteger los sillares originales y evitar la erosión causada por el flujo constante del agua. También se reforzaron los muros laterales y se modernizaron las compuertas y mecanismos de regulación. Aunque estos cambios introdujeron materiales contemporáneos, siempre se respetó la función y el trazado histórico del azud.

Fuente: La Verdad

En la actualidad, La Contraparada combina su función hidráulica tradicional con un valor patrimonial y cultural reconocido. La estructura ha sido acondicionada con pasarelas, paneles informativos y un centro de visitantes que permite comprender su historia y su funcionamiento. Declarada Bien de Interés Cultural en 2002, sigue siendo una pieza clave del sistema de riego de la huerta.