El taray (Tamarix spp), perteneciente a la familia de las Tamaricáceas, es una especie que se encuentra en entornos mediterráneos, está perfectamente adaptada al suelo de Murcia, ya que esta planta es halófila (del griego halos  = sal y philos = afinidad), soportando muy bien los suelos salados (como lagunas, embalses y en este caso, nuestro río segura) y además tiene la capacidad de aguantar prácticamente todo, tanto duros fríos como el calor de nuestra zona.

¿Pero que es ‘spp’?  Debido a que especies como el Tamarix gallica o el T.canariensis son tan parecidas entre sí, lo más correcto es referirnos a ellos como Tamarix spp. Esta denominación es nuestra forma de ser precisos.

Aunque su porte pueda darnos otra impresión, el Taray no es un árbol, sino un arbusto robusto que alcanza entre 4 y 8 metros de altura. Su estructura es un catálogo de soluciones evolutivas:

Corteza y Ramas: Presenta una corteza agrietada de color pardo. Sus ramas son finas y en ocasiones se ven algo caídas por su propia flexibilidad, dándole ese aspecto tan característico.

Hojas Escamiformes: Sus hojas verdes no son láminas anchas, sino escamas diminutas (muy -similares a las de un ciprés). Esta forma es clave para reducir la evaporación y mantener la humedad interna.

Glándulas de Sal: Como dato curioso, son capaces de segregar sal a través de unas glándulas especiales cuando absorben más de la cuenta. Si te fijas bien en sus hojas, ¡a veces puedes ver los pequeños cristales!

Floración y Semillas: Entre abril y junio, el Taray destaca con sus racimos de espigas de color blanquecino y rosado. Sus flores tienen 5 pétalos y 5 estambres, y dan paso a unos frutos que, al abrirse, sueltan semillas con un penacho plumoso para que el viento las reparta por toda la ribera.

El papel del Taray en La Contraparada va mucho más allá de lo botánico; es un pilar para la fauna local. Además de ser un refugio estratégico para la avifauna que busca protección entre sus ramas flexibles, es uno de los lugares predilectos por la mantis religiosa para depositar sus ootecas (sus estructuras de huevos).

Encontrar estos pequeños tesoros naturales entre el follaje del Taray es la prueba definitiva de que este arbusto no solo resiste el entorno, sino que genera las condiciones necesarias para que la vida prospere en todas sus formas.