Fuente: National Geographic
Cuando cae la noche sobre la ribera del Río Segura, el paisaje alrededor de la Contraparada cambia de forma radical. Lo que de día parece un entorno tranquilo y dominado por aves, agua y vegetación, se convierte en un escenario completamente distinto donde empiezan a moverse unos de los habitantes más desconocidos: los murciélagos.
Aunque rara vez se ven, no significa que no estén. De hecho, en ecosistemas como el del Segura se han detectado numerosas especies de murciélagos que utilizan el río y su vegetación de ribera como corredor de alimentación y desplazamiento. Estudios en la cuenca han registrado una diversidad notable, con varias especies que dependen directamente de estos ambientes para cazar insectos.

Murciélago hortelano. Fuente: reinoanimalia.fandom.com
El motivo de que sean “invisibles” no es solo su actividad nocturna, sino también su forma de vida. Los murciélagos insectívoros vuelan rápidamente en la oscuridad, utilizando la ecolocalización para orientarse y detectar presas sin necesidad de luz. Este sistema les permite moverse entre cañas, árboles y superficies de agua con una precisión sorprendente, mientras cazan pequeños insectos que forman su dieta principal.
Las riberas del río son especialmente importantes para ellos. El agua actúa como un imán para los insectos, que se concentran en mayor número sobre su superficie o en la vegetación cercana. Esto convierte al entorno de la huerta en una auténtica “zona de caza” nocturna, donde los murciélagos aprovechan la abundancia de alimento sin ser detectados fácilmente.
Además, muchas especies utilizan árboles, grietas en construcciones o incluso infraestructuras humanas como refugio diurno. Estos escondites les permiten pasar desapercibidos durante el día, reduciendo el riesgo de depredación y manteniendo su actividad completamente oculta para la mayoría de observadores.
A pesar de su discreción, su papel ecológico es fundamental. Un solo murciélago puede consumir grandes cantidades de insectos en una noche, ayudando a regular poblaciones de especies como mosquitos y otros invertebrados voladores. En este sentido, actúan como un control biológico natural dentro del ecosistema.
Su presencia también es un buen indicador ambiental. La existencia de murciélagos en un entorno fluvial suele asociarse a la disponibilidad de alimento y a la presencia de ciertos niveles de naturalidad en el paisaje, especialmente en zonas donde todavía hay vegetación de ribera bien conservada.

Fuente: diario.madrid.es
Observarlos directamente es difícil, pero no imposible: al anochecer, en noches cálidas y tranquilas, pueden verse siluetas rápidas sobre el agua o escucharse sus ultrasonidos mediante detectores especializados. Sin embargo, en la mayoría de los casos, su presencia pasa completamente desapercibida.

