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El entorno de la Contraparada no solo destaca por la presencia del Azud Mayor, que regula el reparto de las aguas del Río Segura, sino también por una serie de estructuras menos visibles que han formado parte del sistema hidráulico tradicional a lo largo de los siglos. Entre ellas se encuentra el conocido como muro de Luzón, un elemento cuya historia se inscribe en la evolución de la gestión del agua en la huerta de Murcia.
Para comprender su importancia hay que situarlo en el contexto del desarrollo del regadío en la región. Desde época andalusí, el control del agua del Segura fue fundamental para el aprovechamiento agrícola del territorio. La construcción del azud de la Contraparada permitió derivar el caudal hacia las acequias principales, pero el sistema requería también elementos auxiliares que ayudaran a estabilizar y controlar el flujo en diferentes puntos.
En este marco se hacían necesarias estructuras que cumplieran funciones de refuerzo y regulación, adaptándose a las necesidades cambiantes del río. A lo largo de la Edad Media y Moderna, las crecidas, las avenidas y las alteraciones del cauce obligaron a realizar intervenciones constantes para mantener operativo el sistema hidráulico. Es en este contexto donde nacería el muro de Luzón.
El muro debe su nombre al ingeniero Melchor de Luzón, quien llevó a cabo su construcción en el año 1665. Con una longitud de 121 metros, esta obra fue levantada con un objetivo claro: contener las frecuentes crecidas del Segura y proteger el terreno del Soto de las Aneas, una zona especialmente vulnerable a las inundaciones.
Su origen está estrechamente vinculado a uno de los episodios más devastadores de la historia de Murcia: la riada de San Calixto, ocurrida el 14 de octubre de 1651. Este episodio provocó la destrucción de cerca de mil viviendas y causó más de un millar de víctimas. Las crónicas de la época describen cómo la huerta quedó completamente anegada, convertida en lo que muchos testimonios comparaban con un auténtico océano.
Así, el muro de Luzón se concibió como una solución para mitigar los efectos de futuras avenidas, actuando como elemento de contención y protección en un punto estratégico del sistema. En la actualidad, el Ayuntamiento ha llevado a cabo labores de limpieza y recuperación de esta estructura, contribuyendo a su conservación como parte del patrimonio hidráulico de la región. Estas actuaciones permiten no solo preservar la obra, sino también poner en valor su significado histórico.



