El Azud de la Contraparada: Un «Hotel de Insectos» que no necesita estrellas

A menudo medimos el valor de la Contraparada por el caudal del río o la limpieza de sus senderos. Sin embargo, para los habitantes más pequeños de la huerta, este enclave es una red de alojamiento y refugio de vital importancia. Lo que a simple vista parece una rama caída o una grieta en un muro viejo, es en realidad una suite de alta ocupación para insectos que garantizan el equilibrio de nuestro ecosistema.

Los huéspedes de honor: Abejas solitarias y polinizadores discretos

Aunque la abeja melífera es la más famosa, la Contraparada es el hogar de una legión de abejas solitarias, las verdaderas especialistas de la polinización local. A diferencia de las coloniales, estas no viven en colmenas, sino que dependen de refugios individuales:

  • Abejas Carpinteras (Xylocopa violacea): Estos gigantes negros de reflejos azulados son arquitectos del aire. No son agresivos y su supervivencia depende de que dejemos madera muerta o troncos viejos en las orillas, donde excavan sus nidos.
  • Abejas Albañiles (Osmia): Pequeñas y trabajadoras, utilizan cualquier orificio en piedra o madera para depositar sus larvas, sellándolo con una «puerta» de barro. Son esenciales para que la flora silvestre que rodea el azud siga reproduciéndose.
  • Abejorros (Bombus): Su capacidad para volar en condiciones de poco sol los convierte en los polinizadores más madrugadores de la zona, trabajando cuando otros insectos aún están inactivos.

Las patrullas del río: Libélulas contra los mosquitos

Si el paseo por la Contraparada es cómodo para nosotros, se lo debemos a las libélulas y caballitos del diablo. Actúan como drones de control biológico:

  • Son los depredadores más eficientes del aire; una sola libélula puede capturar cientos de mosquitos al día.
  • Su presencia es un certificado de salud para el Segura, ya que sus larvas necesitan aguas con niveles aceptables de oxígeno para desarrollarse antes de patrullar el cielo.

La arquitectura del refugio: Por qué el «descuido» es vital

El declive de estos insectos en Murcia tiene un culpable directo: el exceso de «limpieza». Para que este hotel natural funcione, necesitamos mantener elementos que solemos eliminar por estética:

  1. Muros de piedra seca: Las juntas sin cemento de las construcciones tradicionales son el refugio térmico perfecto. Al sustituirlos por muros de hormigón liso, eliminamos miles de hogares potenciales para abejas y polillas.
  2. La madera muerta: Una rama en descomposición es una mina de recursos. Retirarlas «para que el río esté limpio» destruye el ciclo de vida de los coleópteros y las abejas que anidan en madera.
  3. Huesos de caña y vegetación seca: Los tallos huecos de las cañas cortadas son los «tubos de ensayo» naturales donde muchas especies pasan el invierno protegidas de las heladas.

Una nueva mirada al paisaje

La próxima vez que veas un tronco caído o un muro agrietado cerca del azud, no lo veas como abandono. Míralo como una infraestructura estratégica. Valorar este caos natural es la única forma de asegurar que las mariposas sigan adornando el aire y que las plagas de mosquitos se mantengan a raya sin necesidad de productos químicos. La Contraparada no es solo agua y piedra; es un hotel vivo que trabaja para nosotros las 24 horas.