Cuando quemar cañas era una práctica habitual

Fuente: regmurcia.com

Durante gran parte de la historia reciente, la gestión de la vegetación de ribera en zonas como la Contraparada y el entorno del Río Segura incluía una práctica curiosa: la quema controlada de cañas y restos vegetales. Lo que hoy puede resultar llamativo o controvertido, formaba parte del manejo tradicional del paisaje fluvial.

La caña común ha sido históricamente una especie muy abundante en los márgenes del Segura. Su crecimiento rápido y su gran capacidad de colonización hicieron que en pocos años ocupase extensas superficies de la ribera del Segura. En ese contexto, la quema se utilizaba como una forma rápida de eliminar acumulaciones de vegetación seca, especialmente tras el verano o después de trabajos de limpieza de acequias.

Este tipo de quemas solía realizarse en invierno o en periodos de menor riesgo agrícola, cuando el material vegetal estaba más seco y la propagación del fuego podía ser más controlada. Además de reducir la masa vegetal, se buscaba facilitar el mantenimiento de cauces y acequias, evitando obstrucciones en un sistema hidráulico que dependía de un flujo de agua constante y regulado.

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Sin embargo, la quema de cañas no solo tenía implicaciones prácticas. También transformaba temporalmente el paisaje, dejando amplias zonas de ribera sin cobertura vegetal. Aunque la caña rebrotaba con facilidad en primavera gracias a sus rizomas subterráneos, el efecto inmediato era una simplificación del hábitat y una reducción temporal de refugios para fauna asociada a la vegetación densa.

Con el paso del tiempo, esta práctica comenzó a ser sustituida por métodos mecánicos y de gestión más selectiva, tanto por motivos ambientales como por la necesidad de reducir riesgos de incendios no controlados. La acumulación de cañaverales secos en un clima mediterráneo cálido y ventoso puede suponer un peligro importante, especialmente en episodios de altas temperaturas.

Fuente: MITECO

Hoy en día, la gestión de la caña se aborda de forma más integrada, combinando desbroces, retirada de biomasa y control de su expansión, especialmente en zonas donde su presencia altera la estructura del ecosistema o afecta a infraestructuras hidráulicas.